Señoras y señores

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Lo de nuestro coche ya empieza a ser un asunto de brujería.

Bastante extraño fue el suceso de hace algunos años en el que nuestro coche amaneció con algunos cristales rotos pero sin ningún daño en puertas o cerraduras y, por supuesto, sin sustracción alguna de elementos del interior.

Hasta cierto punto, la explicación podía ser el vandalismo, gamberrismo o un intento infructuoso de robar el coche o algunas pertenencias.

Desde pequeños hemos tenido siempre claro que robar es sinónimo de "quitar", no de "poner".

Pues bien, hoy hemos podido ver que la realidad supera a la ficción y a la imaginación más desbordante.

Cuando nos disponíamos a coger el coche para volver a casa desde Palencia, ha resultado que yo no podía encontrarlo donde lo dejé.

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En realidad, el coche seguía en su sitio, como me ha avisado Pilar inmediatamente.

Lo que sucede es que no he podido distinguirlo porque ¡¡tenía los tapacubos cambiados!!

Y no se trataba de un robo de tapacubos ni de que fueran de peor calidad, no.

Alguien nos ha quitado los tapacubos originales, que ya estaban totalmente destrozados y sucios, y los ha sustituido por otros completamente nuevos y resplandecientes.

¡¡Verlo para creerlo!!

En un primer momento hemos pensado que podía ser una sospresa de mi padre, pero nos ha confirmado por teléfono que él no sabía nada.

Al final, nos hemos quedado con la sospecha de que quizás alguien ha querido dar la sorpresa a otra persona cambiándole los tapacubos del coche y…¡se ha equivocado de coche!

 

Al menos, esperamos que otro día no venga y nos quite los nuevos…

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