Siempre digo que éstas semanas no son las más indicadas para hacer limpieza en casa.

Sé que es un deber inexcusable, pero a medida que encontramos apuntes viejos de universidad que todavía apilamos en las estanterías, a medida que aparecen anotaciones de nuestros viajes pasados, la nostalgia vuelve a mi mente y a mi corazón. Es inevitable.

Siempre fueron estos días, en los que disfrutamos de los primeros rayos de sol de lo que dentro de una semanas acabará siendo la primavera, los que me hicieron soñar, desde el escritorio de mi habitación, en casa de mis padres. Los que me hacían soñar con un futuro increíble y alucinante, lleno de aventuras y viajes.

También fue por estas fechas, allá por el año 2008, cuando comenzó a forjarse, sin ser totalmente conscientes de ello, nuestra primera aventura por Estados Unidos.

 

En fin, a medida que he ido escribiendo estas líneas, he ido poco a poco volviendo a la normalidad.

Sin duda, este diario es, en parte, una buena terapia contra el paso del tiempo.

¿Qué nos deparará el futuro?

 

Por cierto, ¡feliz 15!

 

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