Tras una pequeña siesta para minimizar el jet lag, visitamos Akihabara.

El barrio está lleno de luces y de pasadizos de tiendas de electrónica. Un micromundo del tamaño de buena parte de las ciudades europeas. Acabamos cenando en Ueno un tazón de oudon, algo de tempura, arroz, pero nada de shushi.

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