Ayer por la noche disfrutamos de la película "Gran Torino" (2008), recomendada por nuestros queridos Álex y Carmen.

Gran Torino (Clint Eastwood, 2008)

El largometraje comienza en el día del funeral de la esposa de Walt Kowalski (Clint Eastwood), un malhumorado y conservador veterano de la guerra de Corea, y jubilado de la Ford, que apenas mantiene relación con sus descendientes que, por otro lado, solo le ven como una carga y una suculenta herencia para un futuro próximo.Will Ferrell y Mark Wahlberg en "Los otros Dos"

El mundo sigue girando y cambiando, pero Kowalski se resiste a aceptar esos cambios, a aceptar que los jóvenes sean vagos, maleducados y pandilleros, a aceptar que sus vecinos no sean una encantadora pareja de ancianos sino una amplia familia de la etnia hmong del sudeste asiático.

En esta vida, apenas le quedan cosas que le mantengan ilusionado. Una de ellas es su Ford Gran Torino de 1972 (sí, el mismo modelo que el de Starsky y Hutch).

Estamos ante otra de esas joyas cinematográficas con las que nos tiene Eastwood acostumbrados en que, de nuevo, vuelve a reflexionar sobre la vejez y el paso del tiempo, como ya hiciera, aunque de forma algo más velada, en "Million Dollar Baby", "Sin Perdón" o "Poder Absoluto".

Eastwood encarna el pasado (excombatiente de la guerra de Corea, trabajador de la Ford, la empresa automovilística norteamericana más famosa en el mundo, que fabrica enormes coches de gran consumo), que se ve obligado a convivir con el cambiante, y a veces desalentador, presente.

El argumento gira en torno a la manera en que hasta las personas más cerradas y conservadoras pueden encontrar un equilibrio con la gente que les rodea y llegar a una convivencia en paz, acabando con sus prejuicios y aceptando las diferencias.

De hecho, el guión no está exento de cierta ironía en la ridiculización que hace el protagonista de los inmigrantes y los negros, cuando el propio Walt es, en realidad, de origen polaco.

Según hemos podido leer, esta interpretación será la última de Clint Eastwood, una noticia que parece tener visos de ser cierta.

Precisamente, desde el momento en que arranca la película, podemos ver a un Eastwood muy envejecido que nos hace sentir una profunda nostalgia de todas las maravillosas películas que jalonan su dilatada carrera.

Will Ferrell y Mark Wahlberg en "Los otros Dos"

En el apartado técnico destaca la fabulosa fotografía, algo que Clint Eastwood ha cuidado en todas las películas en que ha sido realizador, abundando los claroscuros y los ambientes casi en penumbra, una seña de identidad de su cine.

En resumen, para Pilar, un éxito en toda regla. Para mí, una buena película, aunque todavía se me ocurren unas cuantas de Eastwood, como director o actor, mejores que ésta (la mala leche del protagonista recordaba mucho al ya mítico sargento Highway o al implacable defensor de sus seres más queridos y ladrón de guante blanco de Poder Absoluto).

 

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