Hace poco más de una hora hemos soportado otro extraño suceso en nuestro coche.

Resulta que al ir a cogerlo para ir al trabajo, hemos visto que se encontraba cubierto por una capa de hielo, ya que siempre duerme en la calle.

Apenas podíamos abrir las puertas.

Tras ponerlo en marcha, he decidido salir de él para ayudar a Pilar a raspar el cristal.

Pues bien, al intentar entrar de nuevo al coche, la puerta no se abría.

Os podéis imaginar el cuadro: el coche con el motor en marcha y nosotros sin poder abrir las puertas…

¡Ha sido casi fantasmagórico!

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