Siempre a la carrera

Quienes nos conocéis, ya sabréis que una expresión que solemos usar a menudo (a nuestro pesar) es “siempre a la carrera” pues, quizás debido a nuestra forma de ser, o quizás debido a la suerte, siempre terminamos haciendo las cosas a toda velocidad y en el último momento.

Insisto en que esto no sucede por voluntad propia, sino que las circunstancias nos conducen a ello.

Este año, mientras intentamos organizar nuestro viaje de verano (que a este paso no haremos como sigamos tardando tanto en decidirnos), han surgido cuestiones con las que no contábamos y que estamos intentando solventar lo antes posible para no tener que estar con la lengua fuera los días previos a nuestro supuesto viaje de verano.

En concreto, además de las obras que se están realizando en el pasillo de nuestra comunidad de vecinos (y en las que no podemos hacer nada para acelerar su finalización), desde hace unas semanas ha habido un tema que, literalmente, me ha quitado el sueño.

Se trata del tema de los okupas.

El peligro que suponen los okupas

Tras ver un programa de investigación en televisión y de las conversaciones mantenidas con mi hermano, hemos sabido que ahora estamos más expuestos a que alguien entre en nuestra casa y no podamos echarle.

Fue tal el agobio que me provocó ese documental, que comencé a pensar en las medidas que debíamos llevar a cabo para aumentar la seguridad de nuestra vivienda.

No tenemos grandes tesoros en casa, pero sí un montón de recuerdos y objetos de todos nuestros viajes, así como cientos de miles de fotografías guardadas en discos duros. En resumen, toda nuestra vida.

Al final, hace unos días, decidimos hablar con el vecino, quien nos recomendó contar con un profesional que se encarga de montar cerramientos, pues necesitamos asegurar la galería de nuestra cocina, quizás el punto más débil de nuestra casa.

El grave peligro del “bumping

Y digo “quizás”, porque al hablar con este profesional, nos comentó que existe un sistema extremadamente simple de abrir casi cualquier puerta con cerradura, el método del “bumping”.

Inmediatamente comenzamos a buscar información sobre ello en internet, y lo cierto es que lo que vimos ponía la piel de gallina.

Por eso mismo decidí buscar información para evitar ese gravísimo fallo de seguridad, pero sin necesidad de desembolsar los 500 euros que cuesta el sistema electrónico que nos ofrecía este hombre.

A cambiar la cerradura

Finalmente ayer, hablando con Sonia durante el desayuno, nos comentó que ella tuvo que cambiar la cerradura el año pasado y, en resumen, que lo hizo de manera muy sencilla y a bajo coste con un bombín que venden simplemente en Leroy Merlin.

Y así hicimos ayer. Por la tarde, tras desmontar la cerradura de la puerta principal y hacer unas mediciones (como nos había indicado Sonia) volvimos a ir a Rioshopping a tomar un café a Starbucks (algo que hemos hecho ya desde el pasado domingo con la intención de avanzar en nuestros posibles planes de viaje) y aprovechamos a pasar por Leroy Merlin donde, en unos minutos, nos enteramos de toda la información y detalles necesarios para cambiar la cerradura de nuestra casa.

Al volver por la noche, en unos minutos, cambié la cerradura. Y, por cierto, sin mirar las instrucciones que aparecen en youtube.

Cambiando el bombín de la cerradura para evitar el "bumping"

El tiempo pasa deprisa

Ahora solo queda esperar al 24 de agosto, día en que vendrán a cambiarnos el cerramiento de la galería. Y de ahí que haya comenzado hablando del “siempre a la carrera”, pues estábamos barajando comenzar nuestro viaje el 24 o 25 de agosto.

Claro que, por ahora, ni siquiera tenemos el vuelo comprado.

Pues eso, siempre a la carrera

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