hemos salido en coche a toda velocidad hacia Zamora.

Nuestro objetivo era ver la conocida como procesión de las Capas Pardas, una tradición zamorana de hace muchos siglos, rescatada en 1956 y que hemos querido ver desde hace años pero que, por una u otra razón, acabábamos posponiendo.

La Hermandad de Penitencia del Santísimo Cristo del Amparo, una de las más genuinas y originales de la Semana Santa, se constituyó el 22 de febrero de 1956 a imagen de las procesiones de la comarca zamorana de Aliste. Está formada por 150 cofrades.

La procesión del Santísimo Cristo del Amparo es muy intimista y austera, quizás la más austera de las que se celebran en cualquier capital de provincia.

La incomparable estética proviene de la mezcla entre una tremenda austeridad y la utilización de elementos tradicionales del mundo rural, sin parangón en la Semana Santa, como son los atuendos de los penitentes, típicos de la comarca de Aliste, y las matracas. También destacan los faroles de hierro forjado y la compañía de un cuarteto de viento formado por un clarinete, un clarinete bajo, un saxofón tenor y un bombardino, que van interpretando temas fúnebres durante todo el recorrido de la procesión.

Los cofrades desfilan dispuestos en forma de cruz a través de las angostas calles del casco histórico de Zamora portando, casi al final de la procesión, la imagen del Cristo del Amparo, situado sobre unas sencillas andas de madera adornadas con cuatro faroles, unos humildes cardos y una calavera. Nada de numerosas tallas de artistas legendarios que duermen durante el año en frías salas museo. Imagen del Santísimo Cristo del AmparoAquí todo es sentimiento, religión, espiritualidad; no hay gritos, ni saetas, ni palmas, ni museos, ni costosos pasos procesionales. Aquí hay austeridad, oscuridad, frío y fe. No busquen otra cosa.

Olvídense de la algarabía de las procesiones andaluzas, del ruido, las conversaciones e incluso el tráfico rodado, pues en estas procesiones el silencio es absoluto e incluso se apagan todas las farolas, por lo que realmente solo se ve lo que la luna llena pueda llegar a iluminar. Por ese motivo, los fragmentos de video que hemos podido grabar y las fotos que hemos tomado son tan oscuras.

 

El Duero a su paso por Zamora, iluminado por unas pocas luces y por la luna llena

La gente es extraordinariamente respetuosa y hasta los más jóvenes se mantienen en silencio, como ya pudimos observar hace muchos años, cuando asistimos a la procesión del jueves por la noche y el canto del miserere.

La procesión partía a las doce de la noche de la iglesia de San Claudio de Olivares, por lo que nos hemos colocado en la estrecha calle Cabildo, puesto que esa es la escena que siempre he tenido en mente desde la primera vez que ví imágenes de esta procesión por televisión hace más de una década.

A las doce en punto comenzaba la procesión, con el tañir de la campana de  la Iglesia de San Claudio de Olivares de fondo, lo que le daba a la escena un aire más tétrico aún.

Las matracas que hacían sonar algunos cofrades entre tanto silencio helaban la sangre.

La gente, arrimada completamente a las paredes de las casas para dejar el espacio suficiente para que pasara la procesión, se permitía tan solo una indulgencia: fotografiar el momento con sus cámaras y teléfonos móviles ayudando con sus flashes a que pudiera verse algo más que la mortecina luz macilenta de los faroles de los penitentes.

Por cierto, hemos observado que los cofrades desfilan dispuestos en forma de cruz.

 

Tras algo más de veinte minutos que ha durado el paso de los cofrades, hemos subido hasta la zona de la catedral para ver si podíamos encontrar un local en el que tomar algo que nos ayudara a entrar en calor y, de paso, decidir qué íbamos a hacer.

Tras el pequeño tentempié hemos decidido recorrer las angostas, silenciosas y oscuras calles del casco histórico.

La catedral es un edificio singular que, con la escasa iluminación nocturna, gana en monumentalidad.

Puesto que teníamos que volver en coche a casa, decidimos no quedarnos a escuchar el miserere castellano a la puerta de la iglesia de donde partió la procesión, que es a donde regresa al final, ya que eso nos suponía aguantar unas dos horas más.

De todas maneras, ya escuchamos el miserere hace unos años (aunque no es igual al al paso de Jesús Yacente), algo que, por cierto, es sobrecogedor. Imprescindible escucharlo si vas a visitar esta ciudad en Semana Santa.

Tras muchos kilómetros en coche (y algún despiste en la autovía) llegamos a casa bastante cansados.

Continúa la Semana Santa…

 

Actualización del 1 de enero de 2013:

Rectificamos el dato sobre la música que acompaña la procesión, que es un cuarteto y no un quinteto. También, apuntamos que el miserere del Miércoles Santo y el del Jueves Santo no son iguales. Gracias Manu 😉

 

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7 Comentarios

  1. Hola Manu.
    Gracias por los apuntes. Ya lo he corregido con tu información.
    Eres muy afortunado de pertenecer a esa cofradía. Felicidades.
    Sí, por supuesto que volveremos allí. Es la tierra de Pilar, 😉

    Un abrazo

  2. Hola,
    Me ha gustado cómo habéis sintetizado lo que es nuestra Hermandad.
    Pero permitidme un par de apuntes: No es un quinteto, sino un cuarteto de viento, concretamente formado por un clarinete, un clarinete bajo, un saxofón tenor y un bombardino. Y otra cosa, el Miserere que se canta al final de la procesión no tiene nada que ver con el que cantamos el jueves al paso de Jesús Yacente. Así que tenéis que volver a vernos.
    Un abrazo

  3. ¡ Asombrada ! De verdad. Nunca había visto un blog tan bonito. Quién sois? Me alegro de que hayamos conocido. Estupendo! <3 Ya hablaremos mas cosas el miélcores. Besos! <3

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