Al final, el inolvidable Kamura nos ayuda a reservar algunos alojamientos así como a organizar el resto del viaje.

Visitamos algunos emblemáticos templos de Kioto y acabamos en una de las calles más bonitas de la ciudad, que guarda con celo la belleza del periodo Edo. 

Se respira el ambiente de la Yakuza cenando en alguno de los ocultos locales de esa calle.

Muy cerca de allí suena un grupo local tocando en la calle. Nos gusta. Compramos su disco.

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Nos gusta viajar, el cine y la música. O sea, como todo el mundo... ¿o no?

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