A primera hora de la mañana, Nuestro avión desde Heathrowsalimos hacia Londres para luego coger un avión hacia Tokio. Tras llegar al aeropuerto londinense de Heathrow, nos toca hacer una parada de 4 horas que se nos antoja eterna, pero es la única posibilidad digna para viajar a Japón. Al final, llega la hora de embarcar hacia Tokio. Nos dirigimos hacia la puerta de embarque y, no cabe duda, era esa y no otra nuestra puerta de embarque: nada más llegar observamos que casi todo el mundo que espera embarcar es japonés. Cómo no.

No es la primera vez que viajamos con British Airways ni la primera que lo hacemos a bordo de un 747, pero sí es la primera vez que nos ofrecen tantos lujos culinarios en el transcurso del viaje: vino (francés o australiano), cerveza (holandesa o alemana), incluso un gin tonic o un bloody mary si te apetece !! Pero lo mejor, la comida: pescado o pollo pero al estilo japonés y, claro, con la opción de usar cubiertos o chop sticks.

El caso es que pasan las horas a bordo de esta bestia alada y uno tiene la sensación de ser parte de un experimento de Einstein, pues al viajar hacia el Este, vemos como el día transcurre más deprisa de lo normal. En tan solo un par de horas hemos pasado de un sol radiante de medio día a la más completa oscuridad.  Ya hemos sobrevolado buena parte de los territorios de la antigua URSS. En unas horas estaremos en la ciudad que en otro tiempo se llamó Edo.

 

 

 

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