Últimamente nuestra vida está haciéndonos vivir experiencias aún más intensas.

Los acontecimientos de las últimas dos semanas y pico nos han obligado a cancelar el viaje que debería haber comenzado la pasada medianoche.

Si los planes se hubieran cumplido, a las 00:00 habríamos salido en autocar hacia Madrid, como siempre.

Si todo hubiera sido como planeamos, a las 6:10 de la mañana habríamos tomado el vuelo hacia Tokio, con escala en Francfort.

Y si todo hubiera ido bien, ahora mismo llevaríamos 12 horas de viaje, por lo que nos quedarían 6 horas para llegar.

 

Pero nada de eso ha pasado.

En los últimos días hemos ido avisando de nuestra cancelación de viaje a los amigos que nos esperaban en Japón.

Bueno, a algunos (los más sensibles) no les hemos avisado para que no se preocupen.

Ayer por la mañana, a eso del mediodía, se lo comunicamos a las chicas de Kansai aprovechando que Ayami nos escribió un mensaje en LINE para preguntarnos si ya habíamos llegado (claro, ella no sabía nuestros planes definitivos, sino nuestros primeros planes, en los que llegábamos a Japón 2 o 3 días antes).

Nada más contarles el motivo de la cancelación comenzaron a escribirnos muchos mensajes para interesarse por nosotros y para desearnos que todo se solucione y la historia acabe bien. ¡Qué cariñosas son!

 

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