En muchas ocasiones tengo la sensación de que la vida es como un viaje a través de una carretera desierta.

Conduces tranquilo. Hay muy poco tráfico. No parece que vayan a surgir contratiempos.

Pero sabes que un solo problema puede resultar fatal en un sitio así… y no puedes esperar la ayuda de nadie.

 

En nuestro caso, parece como si el camino estuviera lleno de desvíos.
Y los desvíos los decidimos nosotros. Bueno, al menos una parte importante de ellos. Otras veces son otros los que nos los imponen.

 

Seguramente, a los ojos de los demás, no recorremos el camino que se espera que hagamos.
Incluso algunos pensarán que no llevamos mapa ni brújula.

 

Pero se trata de nuestro coche… y de nuestro camino… y de nuestra gasolina.

 

Por eso decidimos la velocidad de nuestro viaje; pero siempre sin atajos, disfrutando del viaje.

 

¡Disfrutad de vuestro viaje!

 

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