De camino a Palencia, tras salir del trabajo (casi a hurtadillas para que el jefe no me pidiera estúpidas explicaciones) iba pensando en lo extraño que uno se siente cuando recibe noticias que, un tiempo antes hubiera catalogado como regulares o malas y, sin embargo, tras ciertos acontecimientos, no pude por más que considerarlas buenas; casi noticiones.

Por un lado, la noticia (que esperamos se confirme) de que el Premio Infanta Cristina se celebrará el 29 de octubre, todo un milagro si tenemos en cuenta que en las últimas 24 horas todo apuntaba a que no podríamos viajar a Japón en octubre (y quizas nunca) si decidían celebrar la entrega del premio cualquier día de mediados de noviembre.

Por otro lado, la noticia (todavía no oficial) que me hizo saber el pobre Jose María de que Pilar está en la lista de aprobados de los contratos de la Dirección, algo que sabemos que esconde un oscuro significado pero que no podemos discutir que es siempre mejor que salir suspensa.

Pero la noticia mala venía a la hora de comer. El tío Constantino nos ha dejado hoy para reunirse con casi todos sus hermanos. Echaremos de menos a nuestro abuelo "de recambio".

 

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