En breve colgaremos las fotos correspondientes a este capítulo

 

Manhattan, como toda gran ciudad cosmopolita, es un enrevesado tapiz de razas y culturas cuyo nexo no es el idioma, como algunos podrían pensar, sino la calle. Más aún, me atrevería a decir que el nexo es el metro.

Y es allí donde se reúnen inevitablemente gentes de toda condición, puesto que, a pesar de lo que pueda parecer cuando la isla aparece retratada en algun largometraje, nadie o casi nadie comete la osadía de tener coche, por dos motivos fundamentales: es muy caro mantenerlo (aparcamiento, seguros, etc) y además el tráfico llega a desesperar a ciertas horas del día.
Si a todo ello añadimos el hecho constatable de que el metro es rápido, seguro y muy barato, entenderemos por qué casi todas las capas de la sociedad neoyorkina utilizan este método de transporte (amén de los taxis, que también son más baratos que en cualquier ciudad de la Europa occidental y son, muchas veces la solución a una emergencia).

Tal es el uso generalizado del metro que el triste 11 de septiembre de 2001, el derrumbamiento de las torres genmelas provocó la destrucción de la estación de metro más impotante de la ciudad, que unía el norte con el sur, lo que hizo que miles de personas no tuvieran más remedio que desplazarse a pie hasta sus casas. De ahí la famosa imagen de los miles de neoyorkinos cruzando el puente de Brooklyn.

Es en el metro, como digo, donde todo tipo de gente se cruza, se mira, e incluso se para a ver o escuchar espectáculos que son tan característicos de este marco subterráneo.

Hemos dejado el Village para desplazarnos hacia el norte. Nuestra intención era entrar en el famoso Serendipity 3.

Al entrar en la estación de la pintoresca línea S nos hemos cruzado con algunos tipos curiosos aunque, lo que más nos ha sorprendido ha sido ver y escuchar al artista que se hace llamar Hi-Tech One-Man Band. Vean y oigan:

 

http://www.youtube.com/watch?v=fPlwfqJABsw/

 

Al llegar a Serendipity 3 nos hemos quedado sorprendidos de que el local siguiera exactamente igual que en la película, aunque, por desgracia, había más gente haciendo cola que en dicho largometraje. Parece ser que la espera media era de dos horas, así que hemos decidido no quedarnos. Seguramente intentemos venir en otro rato y, con suerte, no nos tocará esperar tanto.

De todas formas, el gusanillo es el gusanillo y, como Pilar tenía ganas de algo dulce, en una esquina cercana hemos entrado a la que probablemente sea la tienda de gominolas más cara y lujosa en la que hayamos estado y vayamos a estar nunca. De hecho, el tremendo surtido de regalices de más de diez sabores nos ha acabado costando tanto como una cena. Bueno, ¡ así es la zona pija de Manhattan !

Después hemos entrado en el Starbucks que había muy cerca (es curioso cómo estas cafeterías han pasado a ser parte esencial de nuestros viajes). Tras estar de pie un buen rato, alguien se ha apiadado de nosotros y nos ha cedido su sitio cerca de la ventana.

Cenamos fideos chinos cerca de fashion avenue.

Vamos hasta el sur de Central Park con la quinta y vamos bajando.

Pasamos por Tiffany's y vemos la estrella de luces en la calle.

Entramos en la Trump Tower y cruzamos hasta el patio interior. Entramos en la tienda de ropa de deporte (adidas, creo) pero salimos enseguida.

Seguimos por la quinta hacia abajo (creo que incluso entramos en esa enorme tienda de discos a mirar algo y había muchos packs de discos para regalar en navidad).

Es sábado pero estamos cansados.

Volvemos por la quinta avenida hasta casa.

 

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