La mañana no ha comenzado bien.

Al llegar al trabajo, los pocos aparcamientos que quedan libres, debido a las obras que hay por todas partes, estaban ya ocupados.

Eso ha provocado que tardara más de media hora en encontrar un sitio en el que dejar el coche (mientras mi jefe y mis compañeros me esperaban en el trabajo "con los brazos abiertos").

En parte la culpa ha sido mía por no ir directo a las plazas de pago de coste reducido (plazas de pago disuasorio).

Al final he acabado pagando más del doble por dos horas de aparcamiento que lo que habría pagado por tenerlo toda la mañana en una de esas plazas de pago disuasorio.

Y claro, a la hora del café, nos ha tocado ir hasta el coche (que encima estaba lejísimos) y llevarlo hasta casa, con el correspondiente paseíto de más de media hora hasta la oficina.

Para colmo, a esta mañana de astascos se le suma mi creciente atasco en la garganta.

El contraste climático de ayer en el pueblo creo que me está pasando factura…

 

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