Hace unos días prometimos hablar de esta novela y vamos a hacerlo.

Corría la navidad de 1992 cuando salió a la venta "Narrativa Actual" de la editorial RBA, una cuidada selección de novelas de autores contemporáneos como Umberto Eco, Milan Kundera o Tom Wolfe.

De ese último autor se publicó, a principios de 1993, su novela más famosa: La Hoguera de las Vanidades.

He de reconocer que adquirí el libro a ciegas, movido por la película del mismo título, que había visto unos años antes, pero también, por tratarse de una novela basada en la sociedad del Nueva York de los años ochenta. Para mi gusto, la mejor combinación posible: Nueva York + los '80 (una época en que me habría encantado conocer la ciudad en su momento más decadente).Mi edición de

La novela describe, con mayor o menor acierto (algo que nunca sabré al no haberme movido por esa ciudad y esos ambientes en esa época) la vida de la clase alta de Nueva York de mediados de los '80.

Sherman McCoy es el mejor vendedor de bonos de la firma de corretaje Pierce & Pierce, en Manhattan.

Vive, como todos los de su clase, en un lujoso piso en Park Avenue con su mujer y su hija y además tiene una hermosa y ardiente amante sureña.

Es un amo del universo.

Pero las cosas empezarán a complicarse cuando, tras ir a recoger a su amante al aeropuerto, se pierden por las calles del Bronx, lo que provocará una cascada de acontecimientos que harán que un sinfín de interesados acudan como moscas a la miel de la popularidad que genera la caída en picado de McCoy.

El estilo de Wolfe es absoultamente irónico e hiriente, con unas descripciones barrocas y ridiculizantes de todos los personajes que pasan por su pluma. No en vano, Wolfe es conocido por sus encendidos ataques políticos a los liberales (sin duda, por prejuicios e ignorancia del autor).

No exento de prepotencia, Wolfe se ha definido políticamente como "un demócrata a lo Jefferson", expresando en varias ocasiones que es un "reivindicador de Balzac", desde un punto de vista cultural, lo que le ha llevado a ser calificado como "El Balzac de Park Avenue" (qué más quisiera él). De todos modos, cierto es que sus críticas recuerdan a las de Mariano José de Larra en artículos como "El castellano viejo", "Los calaveras" o "Vuelva usted mañana". Por ahí sí se le vislumbra el toque romántico.

No obstante, hay que advertir a los posibles lectores que esta novela rezuma crítica y odio a las clases dirigentes, tratando de describir una sociedad quizás inexistente hoy día (quizás incluso entonces también en los términos en los que la describe Wolfe), por lo que una lectura de la obra previa a una visita a la Gran Manzana podría llenar la mente del inocente lector de prejuicios hacia los habitantes de dicha ciudad.

De todos modos, si presuponemos que su análisis de la sociedad neoyorkina de la época de los yuppis es más o menos veraz y objetiva, entonces nos encontramos con un interesantísimo tratado de sociología de la época.

Juzguen ustedes mismos.

 

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