Buscando algo de información sobre la naturaleza de Alaska, nos hemos topado con un libro.

“Viajes por Alaska”

Se trata de “Viajes por Alaska“, una obra que John Muir se encontraba escribiendo cuando la muerte le sorprendió.

Viajes por Alaska (John Muir)El libro se basa en los diarios que Muir escribió durante sus viajes a Alaska en 1879, 1880, 1881, 1890 y 1899.

Desde el momento en el que embarcó en San Francisco, en mayo de 1879, “camino de la helada Alaska”, Muir se dio cuenta de que se encontraba ante una aventura extraordinaria. A pie, en canoa o en trineo, se apasionaba con todo la que iba descubriendo, ya fuera flora o fauna, descubriendo el espectacular Glacier Bay y el glaciar que posteriormente se conocería como Muir Glacier.

Todo esto lo relata con intensidad y detalle, así como experiencias tan angustiosas como el rescate de un compañero accidentado en lo alto del Monte Glenora o los escalofriantes momentos que vivió a punto de morir triturado entre paredones de hielo mien­tras navegaba esquivando icebergs.

Viajes por Alaska termina con la vívida descripción de Muir dedicada a la “suprema, sere­na y celestial bellezade las auroras, que observó durante su penúltimo viaje, en 1890.

Mi lecho eran dos rocas lisas. Mientras yacía allí, doblado y encajado entre sus lados sobresalientes, observando el cielo estrellado sobre la reluciente bahía para distraerme de la incomodidad y el frío, unas magníficas franjas de luz con brillantes colores en prisma surgieron de pronto y desaparecieron velozmente, una tras otra, por el norte del horizonte, de oeste a este y con diligente precipitación; un espectáculo de la aurora como no había contemplado nunca. Hacía tiempo, en Wisconsin, había visto desgarrarse los cielos en unas espléndidas nubes purpúreas del alba, plegadas en formas magníficas, pero aquel esplendor de luz, tan puro, tan brillante, de movilidad tan intensa, no tenía nada que ver con aquellas nubes. Aquellas breves franjas de color, aparentemente a dos grados de latitud, aunque mezcladas y combinadas, parecían poder definirse como las del espectro solar.

Pero, ¿quién fue John Muir?

Nosotros escuchamos por primera vez su nombre cuando visitamos Muir Woods, un espectacular y frondoso bosque cercano a San Francisco plagado de sequoias que, por su peculiar vegetación, sirvió de escenario para rodar algunas escenas de “El Retorno del Jedi.

John Muir y unos amigos en Muir Woods (21 de agosto de 1909)John Muir es un personaje que, a pesar de histórico, es muy poco conocido en España.

 

 

 

Un viajero y explorador empedernido

Fue el más famoso e influyente naturalista y ambien­talista de los Estados Unidos y se le considera el “padre del sistema de parques nacionales”.

Desde los veinte años comienza a realizar diferentes viajes de investigación por todo el país, con el objetivo de explorar las cumbres, valles y montañas, pero también para dar respuesta a la llamada de la naturaleza, que le atrae poderosamente.

Una amplia obra literaria

Como prolífico escritor, publica más de 300 artículos así como 10 libros, donde narra sus viajes y exploraciones, exponiendo y defendiendo su filosofía sobre la naturaleza, la vida salvaje y la preservación de los grandes espacios. Sus publicaciones consiguieron un notable impacto en la sociedad de su época, llegando a lograr, entre otras cosas, que el Congreso declare, en 1890, el valle de Yosemite como Parque Nacional, el primer parque nacional del mundo. Posteriormente consigue la declaración de los Parques Nacionales de Sequoia, Mount Rainier, Petrified Forest y Grand Canyon. Por ello es justo bautizar a Muir como padre de los Parques Nacionales.

Gran influencia en la clase política

John Muir y Theodore RooseveltSus via­jes y su obra, que consta de más de trescientos artículos y diez libros, sirvieron de base a los más destacados políticos de la época (entre ellos el Presidente Theodore Roosevelt) para la elabora­ción de sus proyectos legislativos pioneros para la defensa de la naturaleza.

Un cambio en su vida

En 1867, cuando trabajaba en un taller de carruajes, sufre un grave accidente en el ojo, que hace temer por su vida y su visión. Afortunadamente se recupera, pero este accidente le marca y supone un cambio en su vida, ya que a partir de ese momento Muir decide dar un cambio a su existencia y dedicarse a la conservación de la naturaleza.

Realiza un largo viaje donde camina más de 1.800 km desde Indianápolis hasta el Golfo de México, de allí cruza hasta Cuba, regresa a Panamá, atraviesa el istmo de Centroamérica y toma un barco que, por la costa oeste, le lleva a San Francisco. En 1868 empieza sus exploraciones de California y Yosemite. A pesar de sus muchos viajes por todo el mundo, California y Sierra Nevada, serán siempre su lugar predilecto, su paraíso poseído.

En 1870 descubre los glaciares de la Sierra Californiana, los explora y desarrolla su teoría sobre la glaciación del valle de Yosemite. Incapaz de alejarse de aquellas tierras, se instala a vivir en una cabaña en el valle de Yosemite, que es a menudo visitada por gentes atraídas por su fama que empieza a crecer.

El principal objetivo de sus viajes es siempre la investigación, especialmente de los glaciares, y el descubrimiento de nuevos territorios.

Pero su curiosidad natural le impulsa a fijarse en todo aquello que ve, desde las costumbres y modos de vida de los indios a los más variados fenómenos de la naturaleza.

Conviene recordar que, cuando Muir explora y viaja, la inmensa mayoría de las tierras de Estados Unidos, Canadá, y Alaska son tierras vírgenes, prácticamente por descubrir y explotar, con una naturaleza en estado primigénio y sin alterar por el paso del hombre.

El valor moral de la naturaleza

Uno de los rasgos más sobresalientes del pensamiento de Muir es el otorgar un valor moral a la naturaleza y al paisaje, algo que nos recuerda mucho al pensamiento shinto.

Y es que, hasta entonces, la tradición filosófica occidental negaba cualquier valor moral a todo aquello que no fuera humano, salvo en lo referente a su posible explotación para servicio del hombre. Por ello, no existía una justificación ética en su protección.

Desde aquí dedicamos este artículo a Carmen y Álex, ávidos lectores y viajeros que, con toda seguridad, encontrarán en este libro un apoyo (y un empuje) para sus futuros planes…

 

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