Hoy nos hemos levantado muy pero que muy pronto para ir a devolver el coche a la compañía de alquiler.

Amanece en Nueva York

Llegamos enseguida a la esquina donde habíamos dejado aparcado nuestro coche la noche anterior, justo a la vuelta de la esquina de la calle en la que está la compañía de alquiler.

Al ser tan temprano, las calles estaban vacías, tan vacías que ¡NO ESTABA NUESTRO COCHE!

Empezamos a ponernos nerviosos al ver que se estaba cumpliendo nuestra peor pesadilla, pues la noche anterior temíamos que le pasara algo al coche si elegíamos un mal aparcamiento, ya que la zona nos parecía un tanto insegura.

Manhattan es una especie de ciudad con dos caras. La diurna es agradable, turística y bulliciosa, pero la nocturna puede ser más tenebrosa, sucia y peligrosa…

Hemos empezado a dar vueltas por esa esquina y alrededores por si nos habíamos equivocado, pero la foto que le hicimos al coche ya aparcado la pasada noche no daba lugar a dudas: no estaba donde debía estar.

En fin, si se trataba de un robo, al fin y al cabo, el coche estaba asegurado a todo riesgo, así que hemos supuesto que no debería pasarnos nada. Así que hemos ido rápidamente a la oficina de alquiler.

La señora de la oficina, al oir nuestra narración y enseñarle la foto del coche aparcado, nos ha dicho que llamáramos a la policía. Así lo hemos hecho. Por teléfono, la oficial nos ha dicho que, en breve, enviaría un coche patrulla para investigar.

Después de colgar, la señora de la empresa de alquiler nos ha preguntado si habíamos dejado mal aparcado el coche, por si tal vez nos lo había llevado la grúa municipal.

A los pocos minutos, al salir a la calle, hemos ido a hablar con unos polis que pasaban en su coche por allí. La chica que iba de copiloto nos ha dado un número, el de la grúa municipal, para que llamáramos y nos aseguráramos de que allí no lo tenían.

De nuevo hemos entrado en la oficina de alquiler para llamar a ese número, pero parece ser que ese número ya no estaba en funcionamiento. La señora de la oficina se ha quedado sorprendida comentando:

¡esa poli era una jodida tonta del culo! ¡el número de teléfono ya no existe!

Al final, siguiendo instrucciones de la señora de la empresa de alquiler, hemos cogido un taxi que nos ha llevado hasta una nave situada en la 10ª Avenida con la calle treinta y tantos, donde estaba el depósito de coches que “desafortunadamente” se ha llevado la grúa…

Vaya, otro coche al depósito

¿Estará nuestro coche dentro?

La oficina estaba llena de gente. De repente, empezamos a temernos que la gestión nos robara demasiado tiempo y perdiéramos parte de la mañana allí. Por suerte, la Administración americana funciona de maravilla y en apenas 5 minutos teníamos los papeles cumplimentados por la funcionaria, con lo cual solo nos quedaba entrar por otra puerta que, a través de una escalera metálica, nos conducía hasta otro cuarto donde unos funcionarios con pinta de policías nos entregaban las llaves del coche tras comprobar el papel de pago de la multa. En ese momento, hemos podido sacar la cámara y hacer una foto con mucho cuidado de que no nos pillaran:

[CÁMARA OCULTA] Funcionarios entregando llaves a los sancionados ciudadanos que han pagado religiosamente su multa de aparcamiento.

No vamos a contaros a qué cuantía ascendía la multa, pero si tenéis mucho interés, podéis aparcar vuestro coche de la misma manera que nosotros, y así podréis saberlo…

Pero claro, todavía nos quedaba devolver el coche en la oficina de alquiler y, por cierto, ¡¡ todavía no habíamos explicado allí lo que nos ha pasado ayer por la noche en Atlantic City !!.

Con nuestro flamante coche liberado hemos vuelto hasta la oficina, pasando al lado de los típicos almacenes del meatpacking district. ¡Ya se empezaba a notar que Nueva York estaba en marcha!

Al llegar a la oficina de alquiler (¡¡otra vez!!) hemos cogido aire y le hemos soltado a la encargada el relato de lo sucedido ayer en Atlantic City. He empezado diciendo:

De acuerdo, el coche está afuera aparcado. Ahora..ehmm…tenemos otro problema

…y ahí empezaba el relato.

La encargada no se lo podía creer:

Pero bueno, ¿cómo es posible que tengáis tan mala suerte?

En realidad casi se estaba partiendo de risa mientras lo decía…

Por suerte, el seguro a todo riesgo que habíamos firmado nos ha salvado, aunque la encargada nos ha dicho que nos pasemos a primera hora del lunes por si hubiera algún problema añadido, pero de momento pensamos que nos hemos librado de una buena.

Además, tenemos que volver a casa porque Javi y Silvia se estarán desesperando al ver que no llegamos…

 

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