Aquí va el relato de lo que nos sucedió ayer por la noche.

Tras volver de Gante el plan era cenar en algún bonito lugar de Bruselas.Un brindis por lo bueno del viaje

Particularmente nosotros preferíamos habernos metido en algún barrio menos turístico de la ciudad, pues nos gusta ver siempre el lado desconocido de las ciudades, y porque además es la mejor manera de asegurarse que no te vas a encontrar con decenas de turistas y de que no te van a tratar como a otro turista más.

Al final, se decidió entrar precisamente en uno de los locales más turísticos de la ciudad. Como la noche empezaba a ser algo fresca, preferimos no quedarnos en la terraza.

El camarero, tras darnos la carta, nos ofreció un sorbete de limón que agradecimos con mucho gusto.

La cena incluía bebida gratis, así que decidimos pedir jarras grandes de cerveza. Los platos, en general, resultaron notablemente insuficientes para viajeros hambrientos, amén de la cuestionable calidad.

 

 

 

 

 

 

Al final, a regañadientes, nos vimos obligados a pagar la factura relativamente elevada, con el añadido de que la bebida no fue gratuita.

El lector se preguntará que por qué nos la cobraron. Pues bien, el camarero nos explicó que la bebida era gratis y por eso nos había servido el sorbete. A partir de ahí, lo demás había que "apoquinarlo".

Juzguen ustedes si fue o no un "sorbete traicionero".

De todos modos, lo que era innegable es que estábamos en Bruselas, cuna de la cerveza, así que después de la "cena" nos fuimos a tomar una cerveza a un bonito local donde pudimos reirnos de lo sucedido mientras degustábamos una de esas barrocas cervezas belgas.

 

Sin fuerzas para pedir una birra

Al final, nos venció el sueño después de un día muuy largo, de trote importante, y tras la noche anterior en la que planchamos la oreja poco más de dos horas.

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