Aunque por razones diferentes, este verano se está pareciendo, para nosotros, al de 2012, al menos en lo que a planes de viajes se refiere.

Las semanas pasan y no acabamos de sentir esa fuerte necesidad de viajar que todos los años nos invadía desde principios de junio.

Sin entrar en los motivos (laborales, familiares, etc), lo cierto es que llevamos al menos un mes posponiendo el momento en el que ponernos manos a la obra a decidir los viajes de este año.

Debo reconocer que ayer Pilar le dió un buen impulso inicial al contactar con la empresa de alquiler de coches que solemos utilizar. También le agradezco enormemente el haber estado vigilando las "cotizaciones" de los billetes de avión el último mes y medio.

Como algunos ya sabréis, nosotros apenas hacemos planes; dejamos que los viajes salgan, en la medida de lo posible, espontáneos. Es nuestra forma de sentir la aventura. Y es toda una droga, por cierto.

Cuando digo que no nos hemos puesto a planear, me refiero a que no hemos decidido aún los destinos, ni los días que dejamos para cada uno de ellos.

No es fácil decidirse.

El año pasado, gracias a que nos quedaban algo más de dos semanas disponibles tras las tres semanas de road trip por Estados Unidos, pudimos decidir, con apenas tres semanas de antelación, realizar el viaje al sudeste asiático, una de las experiencias más vitales de los últimos años.

Ese es uno de los motivos que nos frenan a la hora de tomar decisiones.

Siempre que algún conocido me cuenta que ha comprado un billete para un viaje que realizará dentro de 4 o 6 meses, me quedo alucinado.

No sé cómo tantas personas son capaces de decidir algo así con tanta antelación. No sé cómo es posible que, llegado el día de viajar, les pueda seguir apeteciendo. Y, sobre todo, me da pena que nunca vayan a disfrutar esa sensación de libertad que supone elegir un destino, comprar el billete a las pocas horas, y largarse de viaje en tan solo una semana (como hemos hecho nosotros en numerosas ocasiones).

 

En fin, no me extenderé más.

El motivo de este soliloquio es que, gracias al canal de TV Cuatro, esta tarde hemos disfrutado de una película que, desde 2008, se ha convertido en parte de nosotros: "Los Goonies".

Mientras veíamos las primeras escenas, nos ha invadido ese espíritu viajero y nostálgico al que antes hacía referencia. 

Y ha sido ese subidón el que ha provocado que Pilar, viendo las escenas otoñales del pueblo de los Goonies, dijera:

si es que, deberíamos ir más tarde allí

Y, en ese instante, he caído en la cuenta de que ya lo hablamos ayer: este año no nos apetece un viaje por el sur de Estados Unidos. O, mejor dicho, teniendo en cuenta los días de vacaciones con los que contamos este año, no es esa nuestra prioridad.

Entonces, si lo que queremos es viajar por nuestro querido noroeste de Estados Unidos una vez más (un lugar que como suelo decir, tiene parte de nuestro espíritu impregnado), ¿por qué no retrasar el viaje todo lo posible?

 

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