Llevamos un mes o más intentando decidir cuánto tiempo vamos a dedicar al próximo viaje que, si no hay cambios, será a Estados Unidos.

Llevamos meses pensando que quizás éste sea el año en que debiéramos viajar menos días, por tres motivos fundamentales: hemos gastado ya mucho dinero (mermando nuestros ahorros mucho más de lo habitual), hemos gastado ya cinco días en las pasadas navidades en Japón, y el cambio dólar/euro nos es muy desfavorable.

Si a eso añadimos que será el octavo verano que viajemos al oeste, todo parece indicar que deberíamos "cortarnos" un poco.

Hasta este fin de semana, parecía que éramos mayoritariamente partidarios de que el viaje tuviera una duración de dos semanas y dos días.

Pero ayer domingo, por mi insistencia de que acabar el viaje al poco de dejar San Francisco me resultaba un poco triste, comenzamos a pensar en una tercera semana.

Una tercera semana que debe ser lógica, y construida a partir de lugares que realmente queramos visitar.

Para mí, solo con poder recorrer las carreteras del suroeste y poder hospedarnos en cutres moteles, es más que suficiente para este año.

 

En fin, ya veremos.

Seguimos pensando…

 

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