En los últimos días, aproximadamente desde el pasado sábado por la tarde, he sufrido un dolor de muelas que ha ido creciendo, llegando a su punto más alto el pasado lunes por la noche, donde por momentos quería darme de cabezazos con la pared.

Los que me habéis seguido por twitter habéis podido saber en cada momento lo que he sufrido y las consultas por las que he pasado.

¿El motivo? una muela en mal estado que mi dentista habitual no supo diagnosticar adecuadamente, a pesar de que sabía de sobra que queríamos irnos de viaje el próximo viernes y el tiempo corría en contra.

Ahora, todavía algo drogado y dolorido, estoy ya en casa mientras Pilar ha salido de nuevo a la calle a hacer algunos de los recados que, contrarreloj, tenemos que hacer, pues nos quedan poco más de 48 horas para dejar la ciudad con destino a Japón.

Solo espero que la operación que he tenido hace un rato tenga éxito total y pueda coger el avión sin miedo. No sé por qué tenemos que estar siempre a la carrera

Mientras estaba ahora en casa reposando con una bolsa de hielo pegada a mi cara, he visto en las noticias de televisión que un gran huracán ha azotado algunas poblaciones de Arizona.
Las imágenes eran espectaculares.

La noticia me ha dado bastante pena porque tengo un sentimiento muy especial por el estado de Arizona, del que guardo muy buenos recuerdos de las veces que hemos estado por allí.

Mientras, a través de twitter, hemos podido saber que, a las 0:15 hora de Japón, se ha registrado un terremoto en Ibaraki ken (al este del país) de magnitud 5,8.

Mis padres están algo agobiados con este asunto porque, a pesar de que más de 30 réplicas se registran en territorio nipón cada día, resulta que apenas se dan a conocer en los medios de comunicación españoles; excepto justamente hace unos días… y, claro, ellos se han enterado.

Como le digo yo a Pilar muchas veces: tengo la conciencia tranquila y el alma preparado para lo que pueda suceder.

De todos modos, soy muy optimista respecto a este asunto.

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