Siempre es reconfortante volver de un retiro espiritual.

Y así estamos nosotros ahora.

Quizás suene pretencioso, pero nos sentimos más unidos a la naturaleza.

Tanta belleza. Tantas maravillas de la naturaleza. Tanta magia sutil en cada árbol, en cada roca, en los bosques, en los rompientes de las olas, en las cascadas… Son los kami.

El shinto cada vez está más dentro de mí. Quién sabe. A lo mejor algún día acabo siendo casi un japonés.

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