Otra vez metidos en la vorágine viajera. 

Otra vez el viaje al aeropuerto, de madrugada. 

Otra vez los zumos de naranja y los cafés en sucios y caros espacios de descanso en Barajas. 

El día que dejemos de viajar, creo que vamos a echar mucho de menos estos prolegómenos, este rosario inevitable. 

 

Ahora mismo nos encontramos en una de esas detestables zonas de descanso de la terminal 1, llena, como no podía ser de otra manera, de viajeros low cost, tan ruidosos como sucios, tan mochileros, tan poco interesantes. 

Pero este ambiente nos invita a recordar momentos de otros viajes. 

Son ya muchos los viajes que atesoramos en la memoria. 

Mucho en tan poco tiempo. 

 

En fin, dejamos las divagaciones y nos preparamos otra vez para el país del sol naciente; ese lugar en el que, por unos días, somos siempre tan felices. 

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