El tiempo es, por definición, la fuerza universal que todo lo cambia.

¡Cómo ha cabiado todo en seis años!

En 2009, por Semana Santa, viajamos a Barcelona para quedar con Eva por primera vez.

Recuerdo vivamente esos días. Y recuerdo también el optimismo con el que vivíamos por entonces.

Nuestros planes eran cortoplacistas. No pensábamos en el futuro lejano, sino tan solo en lo que vendría a partir de agosto.

La vida era sencilla y perfecta.

Ciertamente, todavía no habíamos vivido la gran mayoría de momentos maravillosos que vendrían más adelante, ni conocíamos a ninguna de las maravillosas personas que hemos conocido desde entonces.

Lo que me duele es ver que ahora el tiempo parece estar pasándome la factura de todos aquellos años de total felicidad. Es como si me mostrara el reverso oscuro de todo aquello, con el desfase temporal suficiente como para que, al menos a priori, no pueda permitirme el lujo de reconducir mi/nuestra vida.

Mientras, el mundo sigue girando y otra gente parece estar echándole a la vida más cojones para cumplir sus sueños.

 

Ayer, Paloma me envió un vídeo por whatsapp que me hizo pensar (¡¿a quién no?!).

Tal vez ese vídeo merece un artículo con mi análisis.

 

En fin, creo que necesitamos unas pequeñas vacaciones…

 

Nunca podré agradecer lo suficiente a Dios que me hiciera montar este blog, que tanto sosiego me deja tras escribir.

 

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