Todavía con un notable sueño, provocado no solo por el consabido jet lag sino también por el hecho de que apenas habíamos dormido tres horas, entre la llegada a casa tras el viaje a Japón y la entrada al trabajo, quedamos ayer por la tarde con 明子 en la Plaza Mayor a las 5:15.

¡¡ Que alegría !!

Fue un reencuentro muy bonito.

Fuimos hasta el Pasaje Gutiérrez a tomar un café, y allí estuvimos hablando de nuestra experiencias durante este tercer viaje a tierras niponas, cómo vamos observando las costumbres y tradiciones del país, y cómo nos desenvolvemos cada vez mejor allí.

Después le entregamos los regalos que le hemos traído de allí.

El hanko le gustó mucho, pero fue una pena que el estuchito para guardarlo no sirviera, pues el hanko era especial, hecho a mano de una caña de bambú, con lo cual no guardaba la proporción respecto a los sellos de plástico comunes.

Pero lo que más ilusión le hizo fueron los paquetes de retales de kimono que le compramos en Kioto.

A nosotros nos encantó haber acertado, pues realmente no estábamos seguros de que fuera eso lo que buscaba.

También le regalamos una cajita de mochi relleno de azuki que le gustó mucho.

Después fuimos al Penicilino, donde probó por primera vez la bebida más famosa de este antiquísimo local.

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